viernes, 19 de junio de 2015

CUEVA DE LA VIRGEN DE MONTESCLAROS




            Sobre un altozano entre el pico Solaloma y el río Ebro, se erige el Santuario Real de Montesclaros,  lugar de referencia secular mariana de los municipios de  la comarca  cántabra de Campoo-Los Valles. 

      De todos es sabido que Valderredible y sus municipios limítrofes albergan un buen número de construcciones rupestres de carácter religioso, cuya datación se remonta al periodo de la Alta Edad Media.

      La génesis de esas oquedades para uso litúrgico y su extensa profusión por la zona más meridional de la región cántabra tiene una explicación litológica. La composición del terreno, por donde discurre el río Ebro, es viable para ese tipo de construcciones tan peculiares.

Real Santuario de Montesclaros


      El soporte de las iglesias rupestres está constituido por rocas de carácter blando, hasta el punto que -con simples herramientas- la excavación no entraña ninguna dificultad. Algunos roquedales son de areniscas granudas y otros de tobas calcáreas, siendo en ambos casos fácil su excavación.

      Como bien señala el profesor, Bohigas Roldán, “la historia de santuario está mal estudiada” y, si, además,  añadimos que los escasos documentos con que se contaba desparecieron en un incendio, las especulaciones sobre su origen son variopintas.

Altar de la cripta

      Se cuenta que un noble escondió en la citada cueva una imagen de la Virgen traída desde Toledo tras la derrota de la batalla de Alarcos para que no cayera en manos de los agarenos. Transcurría el año 1195. 

Sarcófagos de los caballeros de San Juan de Jerusalén


      Durante un largo periodo de tiempo no se supo más de ella, hasta que un día un pastor –aquí comienza la leyenda-  siguiendo al toro que se ausentaba cada día de la manada  adentrándose en una zona boscosa. Lo encontró postrado ante la cueva. Descubierta la imagen fue llevada a la cercana iglesia de Los Carabeos, pero desaparecía y volvía a aparecer de nuevo en la cueva, tantas veces como ocurriese el forzado traslado. Los vecinos entendieron el mensaje y construyeron para albergarla un edificio sobre la gruta mariana.

Habitáculo de los sarcófagos

      La cavidad de la denominada Cueva de la Virgen es muy reducida, no así la galería para acceder a ella. “La existencia de señales de picado en la cueva similares a los conocidos en otras iglesias y eremitorios de la comarca, tampoco permite excluir un inicio de uso religioso del lugar, en fechas correspondientes a la Alta Edad Media (Bohigas Roldán)”. 

Cueva de la Virgen


      A raíz de las excavaciones realizadas en el subsuelo del Santuario, en 1966, se descubrió una cripta prerrománica sobre la cueva. De planta rectangular -de 3,5 metros de ancho  por 3 de largo-  con un altar de piedra ornado con una talla de sogueado de clara influencia asturiana (periodo ramirense) y en cuyo antipendio figuran símbolos de tradición celta. Una saetera abocinada ilumina la estancia de la capilla. Su datación estaría en torno a los siglos X y XI. Con ello se demuestra que el referido habitáculo religioso es anterior a la traída de las reliquias de santa Casilda (cabellos), san Alejandro Mártir (un hueso) y san Lorenzo (una muela)  por que fueran depositadas en el nuevo edificio ya de estilo románico.

      Al fondo, frente al altar, en una concavidad del recinto separado por una arco apuntado que cierra una verja, se hayan depositados dos sarcófagos de caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén.. En uno de los cuales figura una inscripción que dice así: Martín Fernández, señor de Los Carabeos, enterrado (1385.)  Martín González (refieriéndose al del compañero).   

Texto y fotos: Javier Pelaz Beci. Santander

Bibliografía:

“Las iglesias Valderredible”, Bohigas Roldán, Ramón.  Cuadernos de Campo. Nº 2, Marzo 1997.
“Eremitorios rupestres altomedievales del Valle del Ebro”,  Monreal Jimeno, L.A., 1989. Universidad de Deusto. Bilbao.
“El Románico en Santander”, García Guinea, M.A., 1979. Eds. De la Librería Estudio.

Enlaces internet:
Santuario de Montesclaros. Wikipedia.



       
     
     

jueves, 4 de junio de 2015

UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICO-ARTÍSTICA DEL ANTIGUO MONASTERIO CISTERCIENSE DE MORERUELA



       El monasterio de Moreruela era un viejo cenobio de tradición hispánica que en principio estaba  dedicado a Santiago, apóstol. Desde 1143, pertenece al noble, Ponce de Cabrera, quien impulsó a la comunidad a que se afiliase al Císter.



      Entre 1158, año en el que todavía figura el monasterio dedicado a Santiago, y 1163, en el que una bula pontificia de Alejandro III lo declara bajo su protección explicitando que pertenece a la orden cisterciense (ordo monasticus qui secundum Deum et Beati Benedicti regulam et institutionem cisterciensium fratrum), se debió producir el cambio. A partir de este momento, se inicia un importante período de expansión económica que debió propiciar la construcción de la iglesia. Las obras, tal como muestran las variantes estilísticas de los restos conservados, se debieron prolongar ampliamente durante el siglo XIII.


      Las ruinas del monasterio cisterciense de Santa María de Moreruela nos permiten hacernos una idea de lo que debió ser la monumentalidad de este edificio.Las grandes columnas de su presbiterio, reducidas a la más absoluta simplicidad de sus formas canónicas, escapan a cualquier tipo de encasillamiento estilístico. No corresponden al orden columnario románico, ni al gótico; se diría que el autor que las proyectó ha dado con la fórmula de la  “atemporalidad” que caracteriza la arquitectura que solo puede calificarse de clásica.






        La fábrica de la construcción es realmente soberbia, a base de grandes sillares de piedra cuarcítica. Las marcas de cantero, numerosas y de variados trazos, saltan a la vista por doquier aunque el visitante no intente prestar atención en ellas.





Planta
 
      Originalmente, la iglesia fue un enorme edificio de 63 metros de largo por 26 de ancho, entre los extremos del transepto. Es decir, sus dimensiones son propias de una catedral.


      Su planta estaba constituida por tres naves de nueve tramos. La nave central era mucho más ancha que las laterales. Un amplio transepto, relativamente bien conservado, se acusa en planta y alzado. Por último, tenemos la inmensa y compleja cabecera constituida por presbiterio y capilla mayor semicircular rodeada por girola de una nave que se abre a siete capillas radiales de planta ultrasemicircular.


      Una particularidad de la planta de la iglesia de Moreruela es que se añadieron dos pequeños absidiolos en los muros orientales del transepto, que no se acusan al exterior



.













Exterior de la iglesia


Cabecera

      Exteriormente, la cabecera tiene una armónica superposición de tres niveles.


      El primero está compuesto por siete pequeños ábsides o capillas radiales con vanos de iluminación de medio punto sencillos y muy abocinados, rodeados por sendas parejas de contrafuertes prismáticos. Constituye una excepción el absidiolo más septentrional que tiene un ventanal moldurado sobre columnas.


      El segundo nivel corresponde a la girola que rodea el ábside central. Tiene ventanales con arquivolta baquetonada y columnas, además de canecillos anacelados.


      El tercer y último piso es el de la capilla mayor, también con contrafuertes y ventanales. La cornisa es muy hermosa con frisos de arquillos sobre ménsulas.











Transepto y puerta meridional


     Los hastiales de los brazos del transepto son un ejemplo de la monumentalidad y austeridad perseguida por los cistercienses. En ambos hay un óculo en la parte superior, mientras que en el sur también se añadió una pequeña y cuidada puerta.





Naves


      Del cuerpo de las naves quedan los muros exteriores recrecidos en el siglo XVI con una galería de ladrillo. Todavía se aprecia perfectamente la altura original de las naves laterales al haberse conservado los canecillos.


      También se mantiene en pie la puerta de los monjes, que comunicaba la iglesia y el antiguo claustro. Desde el interior del templo tal puerta es un mero vano con arco de medio punto. Exteriormente, la puerta muestra hechuras de similares características a la meridional de la iglesia descrita anteriormente, aunque sin tímpano y peor conservada.




Interior de la iglesia


Cabecera


      La cabecera constituye lo más interesante del conjunto. El presbiterio surge en el centro sobreelevándose por encima del anillo del deambulatorio y de las siete capillas tangenciales que se articulaban sobre éste. Tan elevado número de absidiolas se aumentaba con dos más, una en cada brazo del crucero. Los problemas de oscuridad que había en otras construcciones de este tipo se solucionan aquí, en parte, con la colocación de unas ventanas que iluminan el deambulatorio por encima de las capillas.



      Los constructores de Moreruela, formados en los usos arquitectónicos de su medio geográfico, realizaron una iglesia con girola que debía tener sus capillas pegadas una  al lado de la otra, siguiendo la solución arquitectónica de Claraval II. Sin embargo, es patente que el constructor no conocía el modelo borgoñón. Lo lógico es suponer que monjes procedentes de la casa madre indicaran la idea de tangencialidad de las capillas; el arquitecto se limitaría a interpretarla según las formas de absidiolos y y su articulación a la girola que él conocía tan bien en su área de trabajo.




      El deambulatorio no tenía prevista en el proyecto original su cubierta con bóveda de crucería, estas se readapterían más tarde.



Transepto y naves


      Los brazos del transepto han llegado hasta nuestros días en estado muy desigual. Mientras que del meridional se mantienen en pie sólo los muros oeste y el hastial, en el caso del brazo norte el estado es mucho mejor, incluyendo el abovedamiento que es de medio cañón apuntado con fajones.
















 Claustro
 
      Contiguo al templo observamos el gran solar del claustro, que tras la construcción medieval fue reformado completamente en el siglo XVII y del que apenas se conserva parte del podium y otros restos menores. Las dependencias que mejor han sobrevivido son las adosadas a la panda este y que se corresponden con las tareas de los monjes: sacristía, sala capitular, hueco de escalera de acceso al dormitorio de los monjes, pasillo de comunicación entre el claustro y la huerta y la sala de los monjes.










 Dependencias monásticas
 
      Las habituales dependencias monásticas se construyeron al norte de la iglesia. 



Sala Capitular


      Es una sala rectangular dividida en nueve tramos originalmente abovedados y delimitados por pilares cuadrados con aristas aboceladas. Se conserva bien los tres espacios orientales, mientras que el resto se ha reconstruido en tiempos modernos atendiendo a sus formas originales, pero diferenciando visualmente con facilidad lo auténtico de lo postizo.




Texto: Carmen García. Santander


Fotos:  Rosa G. Nieves. Madrid


Bibliografía:


Historia del Arte de Castilla y León. Junta de Castilla y León


Enlace internet:

www.arteguias.com
 

lunes, 1 de junio de 2015

COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE ZAMORA



HISTORIA


      Alzada sobre un espectacular promontorio sobre el río Duero, los remotos orígenes de Toro ven la luz en los yacimientos arqueológicos datados de la segunda Edad de Hierro. Los sillares almohadillados reaprovechados en el puente mayor a finales del siglo XII ofrecen pistas de romanización. No existe documentación escrita de época visigoda, Toro entrará en la historia a comienzos del siglo X cuando Alfonso III organiza la defensa de la frontera meridional del reino astur erigiendo varias plazas fuertes contra Al Andalus. Toro, Zamora, Simancas, Dueñas y los Campos Góticos son territorios que dicho rey ordenó repoblar, desempeñando tal misión su hijo el infante don García, según la Crónica de Sapiro, que aparte de personal norteño empleó a mozárabes, como puede deducirse de algunos vestigios hallados  en capiteles y fustes que han llegado a nuestros días. Nada queda ya de las fortalezas levantadas por aquel entonces, pues el material de tapias terreras no ha resistido el paso del tiempo, pero la configuración del núcleo urbano revela su antiguo trazado, así como sus puertas definen la orientación del recinto que Fernando II de León ordena construir más tarde en hormigón de cal y canto rodado que aún subsiste en pie en grandes tramos.


      Toro, al igual que su vecina Zamora, no resiste impoluta los ataques de Almanzor. Tras la desintegración del Califato de Córdoba  algunos “toreses” contribuyen a la repoblación de Salamanca. Alfonso VI avanza hacia la línea del Tajo y Toro pierde importancia estratégica. Alfonso VII inicia la construcción de la iglesia mayor. A su muerte en 1157 la separación de Castilla y León y la hostilidad entre ambos reinos impulsa de nuevo su importancia como plaza fronteriza del Reino leonés, por ello Fernando II y Alfonso IX reconstruyen el gran puente de origen romano sobre el Duero, amurallan de nuevo la ciudad y replantean e inician la monumental colegiata, además de trece iglesias en estilo románico-mudéjar. Por un texto epigráfico hallado sabemos que el desaparecido templo de la Magdalena databa de 1155, hoy capiteles, cornisas y dovelas de una portada forman parte de una vivienda.



      La unión de las Coronas de Castilla y León por Fernando III en 1230, la expansión hacia el Guadalquivir y  la incorporación de Murcia por Alfonso X, atraen la atención de monarcas y repobladores hacia estos territorios en detrimento de estas tierras castellanas. Sancho IV y su esposa, María de Molina, señora de Toro, impulsan de nuevo el crecimiento de la villa. Alfonso XI finaliza la tercera cerca murada. Esta época de gran esplendor artístico culmina con la Portada y el Pórtico de la Majestad, broche final gótico a la iglesia mayor ya con rango de colegiata por deseo de estos monarcas.

      Los repobladores de Toro, a comienzos del siglo X posiblemente, levantaron un templo mozárabe con la misma advocación. La imponente silueta del edificio actual destaca entre tantas hermosas estampas de Castilla. Allá por el 1121 Alfonso VII restablece la diócesis de Zamora en el obispo, Bernardo de Périgord y a ella se adhirieron la iglesias de Campo de Toro, a tal prelado comenta la intención de construir este templo, además de donar la villa de Fresno en 1139 a la iglesia de Santa María “que fundatur in Tauru”; sin embargo, no se conocen indicios de que se comenzase edificación alguna en los años posteriores, tal vez debido  a cierta conflictividad entre otras diócesis. En 1151 el obispo Esteban impulsa la construcción de la catedral de Zamora y cerca de finalizar esta obra centra su atención en la iglesia mayor de Toro, época de la separación de Castilla y León, cuando Fernando II dota a la ciudad de gran importancia estratégica, aunque no existen documentos sobre el proceso de construcción del templo hasta bien adelantado el siglo XIII. Se acepta la fecha de 1170 resultado del estudio y la comparación con otros monumentos de la zona.


DESCRIPCIÓN DE LA COLEGIATA


      Planteada inicialmente al modo de la catedral de Zamora existe alguna diferencia poco destacada que no ennoblece mayormente el edificio: los contrafuertes de los hastiales del crucero, que sorprenden por su carencia de funcionalidad al ser interrumpidos en algún momento del transcurrir de las obras, y que seguramente estarían pensados para sustentar una cornisa con canecillos como la de los aleros; en Zamora ésta es la ubicación de las puertas laterales, pero aquí en Toro las portadas se abren en los tramos centrales de las naves.  Otra diferencia es que las naves tienen un tramo menos, pero no podía ser de otra forma debido al colosal desnivel del terreno y a la existencia de caminos próximos sin trazados alternativos. En cambio en anchura iguala a la catedral de Ciudad Rodrigo y supera  a la de Zamora, gracias a la envergadura de los pilares cruciformes, de tradición cluniacense y parecidos a los de la Catedral Vieja de Salamanca,  más que suficientes para que asienten las bóvedas proyectadas en principio, de ojivas de la nave central y de arista las laterales, aunque posteriormente el segundo maestro de obras cubrió la nave central y la del crucero con bóveda de medio cañón y arcos fajones. En Zamora está implantado el modelo de pilar cuadrangular de Poitou.

      La torre se posiciona al igual que en Salamanca, al Norte de la puerta del ala occidental, aunque su situación con respecto a algunos viales de acceso a los barrios meridionales y al puente, obligó a remeter el ángulo noroccidental debilitando la estructura de tal modo que a comienzos del siglo XVI hubo que reconstruir la parte alta y en el siglo XVIII los dos cuerpos de campanas. Clásica planta basilical con tres naves de tres tramos, crucero y cabecera de tres ábsides precedidos de presbiterios rectangulares, al exterior destaca sobremanera el tambor central al que se suma la magnífica mole de piedra del cimborrio. El ábside central se divide verticalmente en tres secciones por cuatro columnas, mientras que una imposta lo recorre en horizontal. El lienzo inferior se adorna con arquería ciega sobre elevado zócalo; la segunda altura dispone alternativamente ventanales ciegos y abiertos con arquivolta de medio punto. Un friso de arquillos de medio punto y canes piramidales decora la altura del ábside central. Los dorsos cóncavos superiores vierten al exterior las aguas pluviales a través de gárgolas. Un vistoso rosetón ilumina el hastial del presbiterio.

                                                           
      Los ábsides laterales presentan ventanas con derrame y arco de medio punto sobre capiteles de hojas gruesas cuya sencillez contrasta con el ábside central. De las tres aspilleras de la arcada superior, dos han sido restauradas tras haber agrandado sus vanos en el siglo XVIII y abierto otro en uno de los arcos ciegos deteriorando alguno de los capiteles. De lo que queda es fácil identificar a un hombre alanceando a un cuadrúpedo, una epifanía, la Santa Cena representada por cuatro apóstoles cuyas ropas los emparentan con las esculturas de la portada septentrional. San Jorge atacando a un dragón, un jinete en cota de malla, parejas de aves… Los mejores son obra del mismo artista que esculpió los capiteles de la capilla mayor, Daniel en el foso de los leones, despedida del caballero, parejas de leones y motivos florales.



      La puerta septentrional imita a la portada meridional de San Juan de Zamora. Tres columnas agrupadas, de fuste liso y basa ática renovados en una restauración de 1932, y capiteles con dibujos florales, aves, centauros atacados por caballeros, Anunciación y Visitación; cimacios de hojas rizadas y tres arquivoltas. En la clave de la arquivolta exterior Cristo con el libro abierto y bendiciendo, aunque mutilada la mano derecha, a ambos lados la Virgen y San Juan, y los veinticuatro ancianos del Apocalipsis tocados con corona y portando instrumentos musicales cuyo interés trasciende el escultórico, como es el caso del organistrum. La segunda arquivolta se adorna con cogollos y hojas extendidas al modo de las del palacio de Gelmírez, en Santiago de Compostela. De nuevo Cristo bendiciendo en la siguiente arquivolta, polilobulada, catorce ángeles con incensarios y navetas lo flanquean en magistral conjunto realizado por un seguidor del maestro Mateo; la arquivolta interior también es polilobulada con ángeles portando libros abiertos. Capiteles con escenas neotestamentarias, caballeros, animales y motivos fitomórficos
.
      Lo anteriormente descrito completa la primera fase de construcción que debió continuar más allá del reinado de Fernando II de León, hasta finalizar ábsides y capilla mayor. El material utilizado es roca caliza blanquecina. Su cubierta de losas escalonadas se renovó en la década de los 60 del pasado siglo, pero la escasa calidad de la piedra utilizada obligó a sobreponer chapas de cobre y reformar el alzado del crucero.

      Al  Sur la Puerta del Espolón, cuyas cuatro arquivoltas apuntadas se colocaron en el primer tercio del siglo XIII, cuando se cerraron los primeros tramos de las naves laterales sobre arcos agudos, doblados y bóvedas góticas. 

      Los cortes verticales en los muros, las adarajas para trabar cuando continuasen los trabajos y las diferentes marcas de cantero. A partir de 1230, durante el reinado de Fernando III se concluye el cuerpo del templo en arenisca de Villamayor. Los arranques de la bóveda del crucero continuaron en pechinas a fin de incrementar la magnificencia del templo construyendo un soberbio cimborrio de dos cuerpos de planta poligonal, reforzado por cuatro torrecillas cilíndricas. No se cerraron con gallones de piedra los plementos de la cúpula, sino en ladrillo, cuyas reparaciones están documentadas desde el siglo XVI. El pórtico del alzado septentrional existente se sustituyó en el XVIII por el atrio actual y la espadaña. 

      La obra de la portada y pórtico occidental se hace posible a partir de la permuta de una casa formalizada en 1240 que permite ampliar el solar de la iglesia por esa zona. La bien denominada puerta de la Majestad, pues tal es la sensación que produce su contemplación, es una de las grandes portadas del gótico español, si bien en su comienzo es una obra de carácter tardorrománico. Su construcción comienza posiblemente entre el 1230 y 1240 y así finaliza los plintos cilíndricos y las columnas con capiteles figurados; el incipiente gótico se observa en la sección octogonal de los capiteles, el relieve de la hojarasca vegetal y la viveza de las figuras, a pesar de mostrar en la actualidad intensos síntomas de erosión. Famosa es la escena del burrito que porta tan pesada carga de leña y la Epifanía.

      Tras interrumpirse las obras temporalmente comienzan de nuevo ya a finales del siglo XIII, entonces se esculpen las columnas de las jambas sobre puestas a las columnas comentadas con anterioridad, el parteluz, y las arquivoltas, dintel y tímpano. Una inscripción del dintel permite datar la policromía realizada por Domingo Pérez durante el reinado de Sancho IV, por tanto, la fecha de 1290 sería muy aproximada para las pinturas, la escultura es un poco anterior. No se conocían hasta que en una restauración de 1980 se levantan las capas más modernas de pintura.

      La iconografía de la portada es doble. La clásica escena de la Dormición y Coronación de la Virgen, y de modo secundario el Juicio Final, con imágenes de gran realismo que representan los suplicios de los condenados hacia la derecha de la arquivolta exterior. Un nártex del siglo XIII cobija la bellísima puerta entre la torre y un pilar erigido a tal fin. Posiblemente en el siglo XIV la capilla de Santo Tomás que lo precede fue construida como lugar de enterramiento.

      El cimborrio de la colegiata de Santa María la Mayor toma ejemplo de la catedral de Salamanca, que continúa la tradición del de Zamora. Los tres forman el excepcional conjunto de “Los Cimborrios del Duero”, al que se debe sumar la Torre del Melón de la catedral vieja de Plasencia. Se divide en dos cuerpos de forma prismática de dieciocho lados, cuatro de ellos bajo las torrecillas laterales. Los vanos se enmarcan en arquivoltas polilobuladas.

      Los cimborrios del Duero se asocian al arte bizantino con frecuencia, sin embargo, lo que destaca en ellos especialmente es su disposición vertical, la decoración y las columnas esquinadas, al modo de la región poitivina de Francia, sin obviar que el origen de los cimborrios se remonta a la época paleocristiana y bizantina, alcanzando el mundo románico debido a los intercambios entre la Italia bizantina y el románico lombardo del Norte de Italia.

Texto: Cristina Sánchez. Gijón
Fotos: Rosa G. Nieves. Madrid

Bibliografía:
Enciclopedia del Románico. Fundación Santa María la Real de Aguilar de Campoo.
Las rutas del Románico en España. Jaime Cobreros. Ed. Anaya.
Enlaces de internet:
Portal Arteguías: http://www.arteguias.com/catedral/colegiatatoro.htm